OTRA MIRADA
El sol amenazante de una espléndida tarde de febrero acelera el ritmo de cualquier caminante porteño, sus ansias por algún resguardo a la sombra lo conectan con visitas poco habituales para un día laboral.
Desde el puente que decora el aire del lugar, los carriles se definen como líneas infinitas y perfectas. Pero desde abajo, para acceder a la isla a la que pertenece el museo de Bellas Artes se deben saltear obstáculos como en una pista de super 8.
Si el viaje hasta allí resultó algo tedioso, es una satisfacción saber que el acceso al museo es libre y gratuito.
El objetivo de la visita: las pinturas y esculturas que comprenden las décadas del 60-70, el método es la observación y contemplación del espíritu que define una época.
Se extiende ante el visitante una sala amplia con recovecos que ordenan arbitrariamente el espacio. La sala iluminada con luz tenue, seleccionada de acuerdo a los objetos de arte expuestos. El ruido queda atrás, aquí el silencio casi de misa se hace audible.
El guardia de seguridad observa distante los pasos de los visitantes queriendo colarse en cada recorrido, aunque los turistas no parecen muy amigables.
Cuando la sala se detiene en el horror que la década del 70 imprime en la historia, él se acerca despacio, tímidamente, con sus manos cruzadas por delante. Irrumpe con la estática de los cuadros estancados y el arte muerto en la pared.
-¿Escúcheme señorita, quiere que le cuente sobre estas esculturas y la interpretación de ese cuadro? Le expresa así el guardia de seguridad a una chica que amablemente contesta que si. El guardia con su índice señala la obra “La distancia”, dónde un hombre aparece como observando o vigilando, subido a una silla, detrás de los ladrillos...como detrás de la ciudad, como detrás de la vida de los otros, o la muerte de los otros le agrega ella en voz alta.
Convergen las miradas, ella deja que su voz participe y unos minutos después el recorrido continúa solitario.
La libertad, el color y la euforia de expresión artística emborrachan el espacio que antecede a los 70.
El arte óptico, Marta Minujín, Felipe Noé. El pop, y una pieza de arte de los grandes como Greco, conviven en esta sala. Una mezcla de comprensiones y expresiones de la realidad componen este espacio recortado para interpretar el espíritu y el olor de los años 60.
Minutos mas tarde el museo se pierde, te deja un sabor extraño, un idioma del olvido que se pliega en la historia para no ser exhibido jamás.
La tarde cae en Buenos Aires, la temperatura del ocaso relaja los pasos apurados, de vuelta los autos, de vuelta la vida.
domingo, 22 de febrero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
Una definicón pesimista de la ansiedad...
La ansiedad del nuevo siglo... es la del capitalismo, absurdo, mentiroso, corrupto. La globalización y la velocidad de los medios, las masas, la injusticia empañan estos tiempos, los vuelven vanidosos, ansiosos, apurados, ridículos, violentos, anulan y deprimen. Derrumban ilusiones, traban deseos de artistas y soñadores.
La ansiedad del nuevo siglo... es la del capitalismo, absurdo, mentiroso, corrupto. La globalización y la velocidad de los medios, las masas, la injusticia empañan estos tiempos, los vuelven vanidosos, ansiosos, apurados, ridículos, violentos, anulan y deprimen. Derrumban ilusiones, traban deseos de artistas y soñadores.
lunes, 26 de enero de 2009
Una genialidad...
"Los nadies"
GALEANO
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los
nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se
levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de
escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
GALEANO
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los
nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se
levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de
escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Opinion sobre el "campo vs gobierno"
Campo y gobierno
Una vez más comienza el día y Buenos Aires parece vivir hoy la final de un mundial. Pero no se trata de una instancia deportiva esta vez. Es la televisión que construye el verosímil de lo que funciona en Argentina, los extremos, la división. El ring esta caliente y con efectos de sonido cual buena película de suspenso. En este contexto comienza el debate por las retenciones.
Los medios construyen la política como un river-boca, bifurcan los senderos, por un lado el gobierno, y por el otro con los guantes puestos: el campo.
Que dicotómico se vuelve nuestro a país, nos dividimos en dos y nos obligamos a ubicarnos de un bando o del otro. Sin un fundamento construido, sin pensar y detenerse en la historia, caprichosamente acusamos al presente y tomamos partido por el K o el C, como quien elige lo que va a ponerse en el día.
Legitimamos las discusiones políticas mediatizadas y naturalizamos los medios tan politizados.
Campo o gobierno, ser “k” o ser “C”, gorilas o pingüinos; y las ya familiares palabras como retenciones, sojización, nos devoran y consumen el tiempo de los últimos meses.
Y así, a través del “vivo” que muestra la tele estamos expectantes de quien convocará más, el país se para, y se separa.
Pero no tomamos conciencia de la debilidad de la separación. De los perjuicios que devienen de la división de un pueblo. De lo poco que aprovechamos gobiernos que fueron elegidos democráticamente. De lo importante que es defender la democracia a pesar de pensarla y repensarla, porque parece haber cambiado su sentido en este nuevo siglo.
Y como dijo el amigo Orlando en sus crónicas...El lenguaje se utiliza y las palabras modifican su significante, su contexto. “Campo” ya no puede ser imaginario de paz y de un paisaje armónico o tranquilo, es sinónimo de disturbios, cortes, oligarquia y retenciones.
Olvidamos que la división nos ubica en donde siempre, dónde la historia de la humanidad comienza, donde aquel amigo K. Marx preciso alguna vez excelentemente. Opresores/oprimidos...Terratenientes/pueblo. Dueños/empleados, Ricos/indigentes. Capitales/obreros, primer mundo/tercer mundo...etc. Etc. Etc....
Luciana Vázquez
15-07-2008
Una vez más comienza el día y Buenos Aires parece vivir hoy la final de un mundial. Pero no se trata de una instancia deportiva esta vez. Es la televisión que construye el verosímil de lo que funciona en Argentina, los extremos, la división. El ring esta caliente y con efectos de sonido cual buena película de suspenso. En este contexto comienza el debate por las retenciones.
Los medios construyen la política como un river-boca, bifurcan los senderos, por un lado el gobierno, y por el otro con los guantes puestos: el campo.
Que dicotómico se vuelve nuestro a país, nos dividimos en dos y nos obligamos a ubicarnos de un bando o del otro. Sin un fundamento construido, sin pensar y detenerse en la historia, caprichosamente acusamos al presente y tomamos partido por el K o el C, como quien elige lo que va a ponerse en el día.
Legitimamos las discusiones políticas mediatizadas y naturalizamos los medios tan politizados.
Campo o gobierno, ser “k” o ser “C”, gorilas o pingüinos; y las ya familiares palabras como retenciones, sojización, nos devoran y consumen el tiempo de los últimos meses.
Y así, a través del “vivo” que muestra la tele estamos expectantes de quien convocará más, el país se para, y se separa.
Pero no tomamos conciencia de la debilidad de la separación. De los perjuicios que devienen de la división de un pueblo. De lo poco que aprovechamos gobiernos que fueron elegidos democráticamente. De lo importante que es defender la democracia a pesar de pensarla y repensarla, porque parece haber cambiado su sentido en este nuevo siglo.
Y como dijo el amigo Orlando en sus crónicas...El lenguaje se utiliza y las palabras modifican su significante, su contexto. “Campo” ya no puede ser imaginario de paz y de un paisaje armónico o tranquilo, es sinónimo de disturbios, cortes, oligarquia y retenciones.
Olvidamos que la división nos ubica en donde siempre, dónde la historia de la humanidad comienza, donde aquel amigo K. Marx preciso alguna vez excelentemente. Opresores/oprimidos...Terratenientes/pueblo. Dueños/empleados, Ricos/indigentes. Capitales/obreros, primer mundo/tercer mundo...etc. Etc. Etc....
Luciana Vázquez
15-07-2008
Visita a la ESMA
Una mañana en la Esma como “museo de la memoria” (2008)
“Los dueños de la vida y de la muerte”, así lo definió una sobreviviente de la ESMA. Durante su cautiverio no existió otra posibilidad de pensamiento, era esta la única idea posible. Saber que era el “poder”, el poder encarnado en hombres, “hombres” que idearon un sistema de exterminio humano. La arbitrariedad con la que éstos sujetos pensaban y actuaban no les permitía a los secuestrados construir una lógica posible de salvación y de supervivencia. Era en ocasiones torturarte y en otras mandarte a la calle a dar uno paseo y hacerte conciente de que estabas preso por dentro, que si hablabas o advertías no te iban a creer, todo estaba ideado y era parte de un mismo plan.
No eran necesarias las celdas, las rejas estaban dentro tuyo, más tarde o más temprano el traslado llegaría.
Los años 70, y los primeros de los 80 compartieron el sistema político y social más inescrupuloso y terrorífico de nuestra historia.
Se abrieron después de dos largas décadas de democracia las puertas del edificio de la fuerzas armadas como museo de la memoria. Que recuerda hoy el genocidio Argentino, la desaparición de las vidas robadas de miles de Argentinos, de miles de Latinoamericanos.
El ejercicio del poder encarnado en un sistema de estado sádico, con un grado de cinismo que por momentos se mezclaba con actos de vida y con la tortura más extrema. Tan complejo, pero tan real como es hoy su memoria.
Recorrimos el predio y nos adentramos en el casino de oficiales. El edificio dónde contradictoriamente convivían torturados y torturadores. Dónde militares oficiales de alto rango tenían sus habitaciones con amplios placares, y un piso más arriba los quejidos del dolor vestitían las paredes para siempr. Mientras tanto la Esma continuaba con sus actividades y su escuela de la marina.
Y el colegio “Ragio” a unos metros casi por detrás del pabellón donde se alojaban los detenidos continuaba su cursada sin dar sospecha de lo que ocurría.
El lugar esta tan frío y húmedo que solo su fachada y estructura dan pavor.
La fisonomía ha sido modificada varias veces, uno de los motivos mas escalamitosos de su reforma fue para evadir y desviar miradas de que allí funcionaba un centro clandestino de desaparición de personas.
Para desviar la atención de la visita de la organización de los derechos humanos de América que se realizço por la época, tuvieron que reclutar a los torturados llevándolos a un aguantadero de la zona de tigre. Y modificando el edificio lograron diluir la información. Cerraron la escalera que conducía al “sótano” lugar dónde se mandaba a los desaparecidos recién llegados para torturarlos y sacarles información que pudiera colaborar y continuar con los robos sistemáticos de personas.
Una vez torturados los alojaban en el segundo y tercer piso: en “capucha” y “capuchita”. Así denominaban el lugar dónde alojaban a los desaparecidos más convenientes como lo fue por ejemplo el caso de las monjas francesas. Capucha en referencia a las telas negras elásticas con las que tapaban su cabeza y lastimaban sus ojos. Es un lugar amplio como un galpón, frío y oscuro y por aquella época si se filtraba un rayito de luz era artificial. Los techos los bajaron con precarias maderas y estan recubiertos con el material que se envuelven los huevos para aislar el ruido, para que el dolor quedase del lado de adentro. Y esta delgada línea que delimitaba la vida de la muerte se encontraba a unos metros de la Avenida Libertador. Allí la calle y la vida eran algo "normal".
Convivían el dolor encarnado en los torturados y el horror naturalizado de la sociedad que pasaba desapercibido para muchos.
Pienso hoy que ésta es la idea de un plan ridículamente perfecto de personas con muy poca capacidad, pero si con muchísimo poder. Plan complejo, perverso, arbitrari y sin lógica comprensiva desde la razón humana.
Tanto es así que parte de las actividades que ahí dentro se desarrollaban eran las del trabajo esclavo, la capacidad y la inteligencia de los que trataban de sobrevivir los llevaba a poder realizar tareas que a futuro sirvieran de testimonio. A los intelectuales y periodistas los obligaban a escribir para el medio que ellos distribuían que era el diario o folletín “proyecto cero”, que plasmaba las ideas políticas de Massera. Y dicen que en la “Pecera”, sitio dónde se realizaba todo el trabajo político y de inteligencia, era entonces, el lugar más informado del país. Estaban todos los periódicos, y las radios encendidas constantemente. Obligaban a los oprimidos a resumir las noticias más relevantes sobre política exterior, política naciona y economía... Y Una sutil sospecha de que allí se podría haber gestado el plan de la guerra de Malvinas, lo que adentro no se podía disolver, se expandía.
Y si de algo servía saber algún oficio o dominar una técnica, era para poder creer que la esclavitud que ya de todos modos vivía en su cuerpos, los podía llevar a la salvación.
Los tenían encadenados con balas que pesaban no menos de 20 k., encubiertos y apenas les daban un mate cocido con un trozo de pan. El baño y el aseo no eran posibles diariamente.
La solidaridad de los desaparecidos en cautiverio hace honrar a la vida humana. Anécdotas que expuso la guía de esta visita me llagaron al alma: algunas de ellas decían que entre ellos se guardaban la comida para dárselas a las embarazadas; o les suplicaban a los guardias poder contar chistes y si aparecía una carcajada o una pequeña risa se filtraba un rayito de vida. Esencial para sobrevivir en cautiverio. Aunque nunca se sabía lo que podía venir, la lógica inexistente aparecía en el instante que un dedo podía ayudar para contener el sufrimiento del compañero de al lado.
Pequeña anécdota de un sobreviviente....
“por favor guardia déjeme contar mi chiste”..-Cual es su chiste señor..?, ¡¡es con mímica!! .
LUCIANA VAZQUEZ
“Los dueños de la vida y de la muerte”, así lo definió una sobreviviente de la ESMA. Durante su cautiverio no existió otra posibilidad de pensamiento, era esta la única idea posible. Saber que era el “poder”, el poder encarnado en hombres, “hombres” que idearon un sistema de exterminio humano. La arbitrariedad con la que éstos sujetos pensaban y actuaban no les permitía a los secuestrados construir una lógica posible de salvación y de supervivencia. Era en ocasiones torturarte y en otras mandarte a la calle a dar uno paseo y hacerte conciente de que estabas preso por dentro, que si hablabas o advertías no te iban a creer, todo estaba ideado y era parte de un mismo plan.
No eran necesarias las celdas, las rejas estaban dentro tuyo, más tarde o más temprano el traslado llegaría.
Los años 70, y los primeros de los 80 compartieron el sistema político y social más inescrupuloso y terrorífico de nuestra historia.
Se abrieron después de dos largas décadas de democracia las puertas del edificio de la fuerzas armadas como museo de la memoria. Que recuerda hoy el genocidio Argentino, la desaparición de las vidas robadas de miles de Argentinos, de miles de Latinoamericanos.
El ejercicio del poder encarnado en un sistema de estado sádico, con un grado de cinismo que por momentos se mezclaba con actos de vida y con la tortura más extrema. Tan complejo, pero tan real como es hoy su memoria.
Recorrimos el predio y nos adentramos en el casino de oficiales. El edificio dónde contradictoriamente convivían torturados y torturadores. Dónde militares oficiales de alto rango tenían sus habitaciones con amplios placares, y un piso más arriba los quejidos del dolor vestitían las paredes para siempr. Mientras tanto la Esma continuaba con sus actividades y su escuela de la marina.
Y el colegio “Ragio” a unos metros casi por detrás del pabellón donde se alojaban los detenidos continuaba su cursada sin dar sospecha de lo que ocurría.
El lugar esta tan frío y húmedo que solo su fachada y estructura dan pavor.
La fisonomía ha sido modificada varias veces, uno de los motivos mas escalamitosos de su reforma fue para evadir y desviar miradas de que allí funcionaba un centro clandestino de desaparición de personas.
Para desviar la atención de la visita de la organización de los derechos humanos de América que se realizço por la época, tuvieron que reclutar a los torturados llevándolos a un aguantadero de la zona de tigre. Y modificando el edificio lograron diluir la información. Cerraron la escalera que conducía al “sótano” lugar dónde se mandaba a los desaparecidos recién llegados para torturarlos y sacarles información que pudiera colaborar y continuar con los robos sistemáticos de personas.
Una vez torturados los alojaban en el segundo y tercer piso: en “capucha” y “capuchita”. Así denominaban el lugar dónde alojaban a los desaparecidos más convenientes como lo fue por ejemplo el caso de las monjas francesas. Capucha en referencia a las telas negras elásticas con las que tapaban su cabeza y lastimaban sus ojos. Es un lugar amplio como un galpón, frío y oscuro y por aquella época si se filtraba un rayito de luz era artificial. Los techos los bajaron con precarias maderas y estan recubiertos con el material que se envuelven los huevos para aislar el ruido, para que el dolor quedase del lado de adentro. Y esta delgada línea que delimitaba la vida de la muerte se encontraba a unos metros de la Avenida Libertador. Allí la calle y la vida eran algo "normal".
Convivían el dolor encarnado en los torturados y el horror naturalizado de la sociedad que pasaba desapercibido para muchos.
Pienso hoy que ésta es la idea de un plan ridículamente perfecto de personas con muy poca capacidad, pero si con muchísimo poder. Plan complejo, perverso, arbitrari y sin lógica comprensiva desde la razón humana.
Tanto es así que parte de las actividades que ahí dentro se desarrollaban eran las del trabajo esclavo, la capacidad y la inteligencia de los que trataban de sobrevivir los llevaba a poder realizar tareas que a futuro sirvieran de testimonio. A los intelectuales y periodistas los obligaban a escribir para el medio que ellos distribuían que era el diario o folletín “proyecto cero”, que plasmaba las ideas políticas de Massera. Y dicen que en la “Pecera”, sitio dónde se realizaba todo el trabajo político y de inteligencia, era entonces, el lugar más informado del país. Estaban todos los periódicos, y las radios encendidas constantemente. Obligaban a los oprimidos a resumir las noticias más relevantes sobre política exterior, política naciona y economía... Y Una sutil sospecha de que allí se podría haber gestado el plan de la guerra de Malvinas, lo que adentro no se podía disolver, se expandía.
Y si de algo servía saber algún oficio o dominar una técnica, era para poder creer que la esclavitud que ya de todos modos vivía en su cuerpos, los podía llevar a la salvación.
Los tenían encadenados con balas que pesaban no menos de 20 k., encubiertos y apenas les daban un mate cocido con un trozo de pan. El baño y el aseo no eran posibles diariamente.
La solidaridad de los desaparecidos en cautiverio hace honrar a la vida humana. Anécdotas que expuso la guía de esta visita me llagaron al alma: algunas de ellas decían que entre ellos se guardaban la comida para dárselas a las embarazadas; o les suplicaban a los guardias poder contar chistes y si aparecía una carcajada o una pequeña risa se filtraba un rayito de vida. Esencial para sobrevivir en cautiverio. Aunque nunca se sabía lo que podía venir, la lógica inexistente aparecía en el instante que un dedo podía ayudar para contener el sufrimiento del compañero de al lado.
Pequeña anécdota de un sobreviviente....
“por favor guardia déjeme contar mi chiste”..-Cual es su chiste señor..?, ¡¡es con mímica!! .
LUCIANA VAZQUEZ
que me dejó el 2008
Sobre el paro docente...
Nuestro calamitoso sistema político se encargó alguna vez de dar vuelta las cajas negras que contienen ancladas el poder. Imponiendo así su lectura de las cosas, como una costumbre. Como ideas que parecen ser “normal” e intocables.
Para los gobiernos de turno apropiarse de lo público es una cuestión de rutina diaria, se apropian de espacios de la nación que pertenecen a todos, para hacer negociaciones inmobiliarias privadas, y lucrar malvendiendo lo que alguna vez por ejemplo, perteneció a ferrocarriles Argentinos.
Esto es “normal”, parecería que lo público para el gobierno es el “procomún” propio. Los negocios inmobiliarios son más solventes y modernosos, entonces porque no hacerlos, porque no enriquecer aún más a los que lo tienen todo.
Y así se devastó todo un sistema ferroviario que alguna vez supo ser la columna vertebral y de otras economías.
También es normal que el porcentaje mas bajo del presupuesto de la ciudad este destinado a la educación. Cuanto menos educados seamos, más sumisos seremos. Esta lectura es muy simple y justamente lo simple a veces es tomado como “normal”, como costumbre, como incuestionable y como parte del sentido común.
Esta introducción viene aquí porque hoy escuche un discurso indignante de una señora, de una madre que le decía a un docente que se adhería al paro: Sra: “¿Dónde esta su vocación?, ¿Por qué dejan a los chiquitos de jardín maternal sin poder ir a clases?, ¿Por qué no luchan y protestan de otra manera, desde adentro del aula por ejemplo?”....El docente contesta: “Todos los días luchamos desde el aula, pero no alcanza, necesitamos salir a luchar de esta manera, y ni siquiera esto es suficiente. Tenemos que hacer algo urgente, luchar para que siga habiendo docentes. La situación es realmente grave, ya casi no hay jóvenes que se quieran dedicarse a la docencia.
De todos modos no es el salario la única lucha, también estamos pidiendo que los chicos que se quedan a comedor dejen de comer guisos de soja y salchichas y empiecen a comer el valor proteico que comían antes. En tiempos de abundancia de la soja, es “normal” que los chicos coman soja, más allá de que sepamos que no es recomendable para un niño menor de cinco años.
Un periodista acotaba: “en todo caso el conflicto que se origina en las familias por no saber donde dejar a sus hijos es una cuestión organizativa de cada familia. Además no nos olvidemos que otro actor muy importante del sistema educativo son los padres, parte responsable que debería apoyar esta protesta uniéndose a los docentes de sus hijos. En definitiva es parte de la misma lucha, de la lucha por la educación.
No puede existir un país donde los educadores no puedan independizarse por carencias económicas, donde los maestros que deciden educar, no puedan tener sus propios hijos porque no podrían mantenerlos.
Si revisamos la historia, la lucha es de varias décadas atrás. Es lamentable que el pedido nunca maduró, nunca fue escuchado, nunca pudo reflotar ninguna caja negra.
Nuestro calamitoso sistema político se encargó alguna vez de dar vuelta las cajas negras que contienen ancladas el poder. Imponiendo así su lectura de las cosas, como una costumbre. Como ideas que parecen ser “normal” e intocables.
Para los gobiernos de turno apropiarse de lo público es una cuestión de rutina diaria, se apropian de espacios de la nación que pertenecen a todos, para hacer negociaciones inmobiliarias privadas, y lucrar malvendiendo lo que alguna vez por ejemplo, perteneció a ferrocarriles Argentinos.
Esto es “normal”, parecería que lo público para el gobierno es el “procomún” propio. Los negocios inmobiliarios son más solventes y modernosos, entonces porque no hacerlos, porque no enriquecer aún más a los que lo tienen todo.
Y así se devastó todo un sistema ferroviario que alguna vez supo ser la columna vertebral y de otras economías.
También es normal que el porcentaje mas bajo del presupuesto de la ciudad este destinado a la educación. Cuanto menos educados seamos, más sumisos seremos. Esta lectura es muy simple y justamente lo simple a veces es tomado como “normal”, como costumbre, como incuestionable y como parte del sentido común.
Esta introducción viene aquí porque hoy escuche un discurso indignante de una señora, de una madre que le decía a un docente que se adhería al paro: Sra: “¿Dónde esta su vocación?, ¿Por qué dejan a los chiquitos de jardín maternal sin poder ir a clases?, ¿Por qué no luchan y protestan de otra manera, desde adentro del aula por ejemplo?”....El docente contesta: “Todos los días luchamos desde el aula, pero no alcanza, necesitamos salir a luchar de esta manera, y ni siquiera esto es suficiente. Tenemos que hacer algo urgente, luchar para que siga habiendo docentes. La situación es realmente grave, ya casi no hay jóvenes que se quieran dedicarse a la docencia.
De todos modos no es el salario la única lucha, también estamos pidiendo que los chicos que se quedan a comedor dejen de comer guisos de soja y salchichas y empiecen a comer el valor proteico que comían antes. En tiempos de abundancia de la soja, es “normal” que los chicos coman soja, más allá de que sepamos que no es recomendable para un niño menor de cinco años.
Un periodista acotaba: “en todo caso el conflicto que se origina en las familias por no saber donde dejar a sus hijos es una cuestión organizativa de cada familia. Además no nos olvidemos que otro actor muy importante del sistema educativo son los padres, parte responsable que debería apoyar esta protesta uniéndose a los docentes de sus hijos. En definitiva es parte de la misma lucha, de la lucha por la educación.
No puede existir un país donde los educadores no puedan independizarse por carencias económicas, donde los maestros que deciden educar, no puedan tener sus propios hijos porque no podrían mantenerlos.
Si revisamos la historia, la lucha es de varias décadas atrás. Es lamentable que el pedido nunca maduró, nunca fue escuchado, nunca pudo reflotar ninguna caja negra.
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